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La geometría monstruosa |
El monstruo y lo monstruoso: "Todo deseo es una monstruosidad"
Ese personaje perteneciente a las mazmorras del belvedere, a sus bajos fondos -molto brutto-, al que, a partir de ahora, llamaremos el monstruo aristotélico, producto de la aberración del deseo, está a buen recaudo, entre rejas, porque es, por definición, lo que bajo ningún concepto (no hay concepto que lo acoja) se puede mostrar a la mirada del mundo.
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La monstruosidad monstruosa de Escher |
A no ser en ferias y espectáculos en los que se exhibe al mundo lo que está fuera del mundo, lo más inmundo.
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El catálogo descatalogado o el catálogo de todos los catálogos que no se incluyen a sí mismos de los monstruos de feria, de todas las aberraciones del deseo |
Es curiosa la similitud que hay entre estos personajes monstruosos de Escher (que suben y bajan por escaleras que son auténticos engendros matemáticos), y los de El Bosco.
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"El jardín de las delicias", o de los goces, de "El Bosco" |
A mí este cuadro de Escher -"Belvedere"-, por alguna razón inconfesable, cercana a esa gorrina vestida de monja o de seda, con una pluma fálica entre las pezuñas, me evoca a "La Torre de Babel" de Bruegel el Viejo.
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"La torre de Babel", Pieter Bruegel el Viejo |
Se trata de dos edificios absurdos, imposibles; a la vez, ambos -aunque esto no sea evidente en "Belvedere"-, persiguen una utopía.
En esa persecución de la utopía se dan de bruces con la @-topía, para más señas, con el objeto @.
De hecho, tanto el edificio del "Belvedere" como "La Torre de Babel" son objetos @.
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Jheronimus van Aken (Bolduque, c. 1450-1516), llamado familiarmente Joen y conocido como Jheronimus Bosch o Hieronymus Bosch, en España el Bosco |
Que
sean objetos @, dos formas distintas del (a), nos indica
que, desde el psicoanálisis, con respecto al estatuto del objeto, se nos
plantea algo que no se puede reducir a lo que se ha dado en llamar un
objeto matemático, geométrico, imposible.
Es imposible separar el objeto, cualquiera de ellos, por muy imposible, matemático, o paradójico que sea, de su dimensión de goce -pulsional-, que pone en juego el cuerpo, la carne.
Por eso, es importante no solo mirar el belvedere en lontananza; hay que fijarse en el piso de abajo, en las cloacas del ser, para así captar la verdadera dimensión de goce, de desecho, de resto, que caracteriza al objeto (a).
Es imposible separar el objeto, cualquiera de ellos, por muy imposible, matemático, o paradójico que sea, de su dimensión de goce -pulsional-, que pone en juego el cuerpo, la carne.
Por eso, es importante no solo mirar el belvedere en lontananza; hay que fijarse en el piso de abajo, en las cloacas del ser, para así captar la verdadera dimensión de goce, de desecho, de resto, que caracteriza al objeto (a).
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"Belvedere" |
Es imposible entender nada si uno no se detiene
en ese personaje aberrante y monstruoso de la izquierda, encerrado bajo
rejas, a buen recaudo, que saca su fea cabezota por los barrotes de su prisión.
Es una una especie de acromegálico, con la nariz y la boca totalmente deformes.
Este hombre tan desgraciado si llegara a salir alguna vez de su encierro sería para presentarlo en las ferias como un "fenómeno".
Es una una especie de acromegálico, con la nariz y la boca totalmente deformes.
Este hombre tan desgraciado si llegara a salir alguna vez de su encierro sería para presentarlo en las ferias como un "fenómeno".
El fenómeno es el ser que, precisamente por su deformidad, fealdad, monstruosidad,
no puede tener un lugar en la sociedad, habiendo sido rechazado, expulsado, deyectado, de la plaza pública, del foro, del ágora, de cualquier ágape.
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El deseo monstruoso, al ser un fenómeno, queda expulsado, por estructura, del ágora |
Al no poder ser presentado en sociedad por ser impresentable, objeto de asco o de horror, también de vergüenza, solo puede ser presentado en las ferias como fenómeno excepcional, aberración de la condición humana.
La otra posibilidad es que quede encerrado en el aposento más recóndito y aislado de la casa, con el fin de que nadie lo vea, se percate de su presencia, y, así, evitarnos la deshonra familiar, la ignominia por haber engendrado a un ser tan monstruoso.
La
posición del monstruo social, del fenómeno, es homóloga a la del objeto (a) en tanto este objeto es un producto -¡gozoso!- del discurso, que cae como
resto por efecto de una operación de expulsión (ausstossung), de rechazo radical (verwerfüng) por parte del saber, de forclusión (preclusión) del sentido.
Por eso dice Lacan que el objeto (a) -del deseo y de la angustia- es una caída, efecto de una expulsión, de un corte discursivo.
En
el piso de abajo hay dos personajes: Pitagorín ("Persona sabihonda o muy inteligente: <<este niño es un pitagorín>>") y Bestiajo ("Calificativo que se da a ciertas personas debido a su apariencia o a su comportamiento poco civilizado").
En la planta de abajo, en el submundo, a la derecha, está sentado en un banco una especie de científico o arquitecto: el así llamado Pitagorín el listillo, que está manejando dos objetos.
Delante de él, caído en el suelo, se nos muestra el plano de un cubo, con dos aristas opuestas marcadas con una x; este dibujo corresponde a un diagrama o esquema geométrico que matematiza la estructura del belvedere.
El cubo beldeveriano es un tanto singular.
En la planta de abajo, en el submundo, a la derecha, está sentado en un banco una especie de científico o arquitecto: el así llamado Pitagorín el listillo, que está manejando dos objetos.
Delante de él, caído en el suelo, se nos muestra el plano de un cubo, con dos aristas opuestas marcadas con una x; este dibujo corresponde a un diagrama o esquema geométrico que matematiza la estructura del belvedere.
El cubo beldeveriano es un tanto singular.
Este hombre, Pitagorín, para más señas, trata de resolver un problema teórico-práctico; para ello ha dibujado un cubo que tiene las características extremadamente paradojales del llamado cubo de Necker.
A la vez, basándose en ese dibujo, ha construido una maqueta neckeriana del belvedere.
A la vez, basándose en ese dibujo, ha construido una maqueta neckeriana del belvedere.
Ahora comprendemos los afanes y desvelos de este
pequeño masón.
No se ha podido construir la escalera porque el edificio, en conjunto, así como en cada uno de sus pisos, es tan deforme como el rostro de ese acromegálico que nos muestra su jeta a través de los barrotes de su cárcel doméstica (el bestiajo es un monstruo doméstico; pero no domesticado).
No se ha podido construir la escalera porque el edificio, en conjunto, así como en cada uno de sus pisos, es tan deforme como el rostro de ese acromegálico que nos muestra su jeta a través de los barrotes de su cárcel doméstica (el bestiajo es un monstruo doméstico; pero no domesticado).
Se supone que un cubo está dotado de
simetría, y, además, de una simetría perfecta.
Por consiguiente, con un cubo como dios manda, con un cubo cúbico, no habría habido ningún problema para construir una escalera de obra que lleve del primer al segundo piso.
Por consiguiente, con un cubo como dios manda, con un cubo cúbico, no habría habido ningún problema para construir una escalera de obra que lleve del primer al segundo piso.
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Un cubo perfecto |
El problema es que, con el belvedere, no estamos ante un cubo perfecto, simétrico, sino ante un cubo totalmente imperfecto, asimétrico, lo que impide enlazar el primer y el segundo piso por medio de una escalera fija.
En un cubo normal se podría diseñar perfectamente una escalera que se alzaría desde la esquina inferior derecha del plano posterior a la esquina superior derecha del mismo plano.
Pero, en este cubo, el de Necker, eso es imposible por la asimetría que guardan entre sí sus vértices y sus aristas.
En el plano desplegado en el suelo está dibujado un cubo normal.
Pitagorín sostiene en sus manos un cubo (que está como una cuba) de Necker: la maqueta del belvedere.
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El cubo de Necker |
El edificio del belvedere es tan asimétrico y deforme como la cara de nuestro amigo acromegálico.
Simplemente hay que fijarse en la maqueta.
Más que un cubo perfecto es un cubo enrevesado (en él se confunden el derecho y el revés).
Eso sucede porque la arista posterior izquierda del cubo se la puede percibir indistintamente en su mismo lugar -en la cara posterior-, como, a continuación, desplazada a la cara anterior.
Esto mismo ocurre con las columnas-aristas de los dos pisos del belvedere, que, simultáneamente, pueden situarse delante o detrás.
La misma columna-arista, perteneciente al belvedere-Necker, se la puede percibir "adelantada", y, al instante siguiente, "retrasada".
Estas columnas-aristas, móviles, fluctuantes, oscilantes, nos indican que estamos ante una estructura de cubo de Necker.
Simplemente hay que fijarse en la maqueta.
Más que un cubo perfecto es un cubo enrevesado (en él se confunden el derecho y el revés).
Eso sucede porque la arista posterior izquierda del cubo se la puede percibir indistintamente en su mismo lugar -en la cara posterior-, como, a continuación, desplazada a la cara anterior.
Esto mismo ocurre con las columnas-aristas de los dos pisos del belvedere, que, simultáneamente, pueden situarse delante o detrás.
La misma columna-arista, perteneciente al belvedere-Necker, se la puede percibir "adelantada", y, al instante siguiente, "retrasada".
Estas columnas-aristas, móviles, fluctuantes, oscilantes, nos indican que estamos ante una estructura de cubo de Necker.
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Cubo de Necker: ilusión visual ambigua |
La clave de todo está en la
escalera de mano.
Este es el síntoma que nos da la pista, al constituirse como la huella de la estructura anómala del belvedere.
Este es el síntoma que nos da la pista, al constituirse como la huella de la estructura anómala del belvedere.
Lo
curioso es que con esa estructura ambigua, flotante o fluctuante, que
impide construir una escalera de obra -fija-, el belvedere siga abierto, y la gente bonita continúe visitándolo, jugándose la vida; es sorprendente que todos esos probos
personajes, tan poco acostumbrados a los ejercicios circenses y a las
acrobacias, sigan subiendo por esa escalera transportable, endeble y
peligrosa.
Uno puede pensar que lo hacen por el belvedere: ¡Todo por la pasta! (perdón... ¡por la vista!).
Uno puede pensar que lo hacen por el belvedere: ¡Todo por la pasta! (perdón... ¡por la vista!).
¿Por qué arriesgan la
vida, un domingo por la tarde, todos esos gentilhombres de pro,
matrimonios maduros, con la vida ya resuelta, subiendo al mirador del
belvedere?
No tiene nada que ver con la vista.
El pintor descarta esta posibilidad al describirnos un paisaje montañoso de lo más vulgar y anodino.
Además, lo curioso, es que el paisaje, "la vista", está a la misma altura que el mirador, con lo cual no se gana nada de vista, de horizonte, perspectiva, altura, subiendo a ese mirador.
Casi se puede tener la misma visión desde el primer piso que del segundo.
De hecho, hay un señor apostado en el primer piso que está mirando en lontananza.
El pintor descarta esta posibilidad al describirnos un paisaje montañoso de lo más vulgar y anodino.
Además, lo curioso, es que el paisaje, "la vista", está a la misma altura que el mirador, con lo cual no se gana nada de vista, de horizonte, perspectiva, altura, subiendo a ese mirador.
Casi se puede tener la misma visión desde el primer piso que del segundo.
De hecho, hay un señor apostado en el primer piso que está mirando en lontananza.
Entonces, ¿por qué
se dirigen todos estos personajes cómicos hacia el belvedere, desplazándose como
autómatas, arrastrados por una fuerza irresistible, sonámbulos, hipnotizados?
Esta es la impresión que dan
todos estos personajes belvederianos, que están hechizados,
embrujados; algo les posee; una fuerza maléfica, misteriosa, mágica,
ignota, dirige sus pasos.
Por lo tanto, esto exige una interpretación.
El belvedere aunque parezca un belvedere no es un belvedere (pura lógica difusa), es una casa encantada, como esas casas de los cuentos en las que habita una bruja o un ogro: la casa de Hansel y Gretel, de azúcar y chocolate.
Todas esas parejas que se dirigen como hipnotizadas al belvedere son parejas hanselgretelianas.
El belvedere aunque parezca un belvedere no es un belvedere (pura lógica difusa), es una casa encantada, como esas casas de los cuentos en las que habita una bruja o un ogro: la casa de Hansel y Gretel, de azúcar y chocolate.
Todas esas parejas que se dirigen como hipnotizadas al belvedere son parejas hanselgretelianas.
Es
cierto que no hay una bruja.
También es cierto que hay un brujo, una especie de ogro que vive en la planta baja, el cual, como todos los ogros, es deforme (científicamente: acromegálico), extremadamente feo y repulsivo.
Es este ogro el que ha hechizado a todos estos dignos burgueses, arrastrándolos hacia su casa, que, mágicamente, ha adoptado la apariencia de un atractivo y pacífico belvedere (como la casa de azúcar que atrae a Hansel y a Gretel).
También es cierto que hay un brujo, una especie de ogro que vive en la planta baja, el cual, como todos los ogros, es deforme (científicamente: acromegálico), extremadamente feo y repulsivo.
Es este ogro el que ha hechizado a todos estos dignos burgueses, arrastrándolos hacia su casa, que, mágicamente, ha adoptado la apariencia de un atractivo y pacífico belvedere (como la casa de azúcar que atrae a Hansel y a Gretel).
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El belvedere de Hansel y Gretel |
Ahí están Hansel y Gretel, fascinados, abducidos, por esa casita maravillosa, como las parejas que suben al mirador del belvedere.
Se
sabe, es un hecho de experiencia, que los sonámbulos, en sueños, son
capaces de realizar destrezas que, en condiciones normales, serían
incapaces de realizar; por ejemplo, pasar por el borde de un edificio o
por el quicio de una ventana, sin caerse, sin sufrir ningún daño.
Por eso, se dice que es mejor no despertarlos, debido a que, en ese momento, al volver a la realidad, podrían sufrir un accidente.
Los sedentarios y torpes burgueses para lograr subir por esa escalera imposible es incontestable que tienen que actuar como sonámbulos, sueñodirigidos por los llamados hechizantes del ogro del belvedere, del bestiajo (la bestia come ajos).
Por eso, se dice que es mejor no despertarlos, debido a que, en ese momento, al volver a la realidad, podrían sufrir un accidente.
Los sedentarios y torpes burgueses para lograr subir por esa escalera imposible es incontestable que tienen que actuar como sonámbulos, sueñodirigidos por los llamados hechizantes del ogro del belvedere, del bestiajo (la bestia come ajos).
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Los sonámbulos del belvedere |
Por lo tanto, hemos alcanzado dos conclusiones muy importantes: primera: los visitantes del belvedere son sonámbulos
hechizados por el ogro-bestiajo; segunda: el belvedere es en realidad la gruta del ogro
atrapasonámbulos.
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El ogro del belvedere |
Otro descubrimiento importante: ese personaje acromegálico, monstruoso, feo de remate, no es otro que el ogro de los cuentos, que permanece ahí, en su gruta, al acecho, para capturar y encerrar a esos dignos y honrados belvederenses, atraídos por los cantos de sirena de la bella vista.
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"El tercer hombre" |
Nos queda por averiguar quién es ese
personaje enigmático, sentado en un banco, que manipula un cubo de
Necker; la maqueta imposible del belvedere-cubo imposible.